Exceso de bótox, rostro inexpresivo

Un total de 40 personas visitaron al cirujano plástico Pedro Polo Barzallo entre el 20 y el 23 de junio recientes, en busca de una dosis de bótox, una de las intervenciones estéticas más comunes en la actualidad.

Así, lo corroboró el informe presentado por la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética: en el 2014 se contabilizaron -mundialmente- 4 830 911 tratamientos.

Estados Unidos lideró la lista de países con más cirugías estéticas con 4 064 571. Aquí, la Sociedad Ecuatoriana de Cirugía Plástica aún no reúne un conteo.

En el campo de la medicina estética, el bótox es conocido con el nombre de toxina botulínica tipo A y es utilizado para eliminar las líneas de expresión que se marcan, sobre todo, en el entrecejo y el contorno de los ojos.

También se lo utiliza para eliminar la sudoración excesiva de las manos y de las axilas, y en oftalmología, neurocirugía y traumatología.

Esa sustancia fue aprobada por primera vez por la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. en el 2002, por ser mínimamente invasiva. Sin embargo, su uso afectaría la habilidad de entender las expresiones faciales de otras personas, según una investigación presentada -en mayo 2016- por la Escuela Internacional de Estudios Avanzados en Trieste de Italia .

De acuerdo con los italianos, el bótox bloquea temporalmente la retroalimentación propioceptiva, que es la habilidad cerebral de procesar información proveniente de las terminaciones nerviosas de los músculos.

Por mencionar un caso, una persona con exceso de la toxina en los labios no podría sonreír aun cuando quisiera expresarlo. “Este proceso ayuda a entender las emociones ajenas reproduciéndolas en nuestro propio cuerpo”, explicaron.

El cirujano plástico ecuatoriano Santiago Moreno cuenta que aquello ocurre por el uso indiscriminado e indebido de la toxina. El bótox es inofensivo, asegura, si se respeta el requerimiento de cada paciente, el cual depende del tipo de piel, edad y sexo. El rango de unidades internacionales de bótox oscila entre 50 y 150.

La función de esa toxina es bloquear parcialmente la actividad muscular de la zona tratada y no paralizarla, ni alterar permanentemente la mímica facial. Para ello, su aplicación debe estar en manos de un cirujano o dermatólogo.

Los especialistas saben que su aplicación en el párpado, por ejemplo, generará molestias al paciente hasta por seis meses, tiempo en que desaparece la acción del bótox.

Lo mismo podría ocurrir si se lo coloca en los labios: no podría tomar la sopa, ni sonreír. Los daños podrían ser más graves si en lugar de bótox le aplica cualquier otra sustancia.

Victoria Pérez, de Clínica Redux, cuenta que el bótox se aplica generalmente en el tercio superior de la cara; hay pacientes que también piden colocarse en el cuello. Polo Barzallo dice que se ­puede aplicar la toxina dos veces al año.

Fuente: Diario EL COMERCIO 

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